El legado que representa la trayectoria de Clara Rojkes constituye una herencia para su familia, para la comunidad judía y para la sociedad en general.
“Clarita” es un espejo donde pueden encontrar su imagen aquellos que, ayer como hoy, emprenden la búsqueda de nuevos horizontes llevando sobre sus espaldas esperanza, necesidad de adaptación y nostalgia... familias que se distancian y nuevas que se crean. En definitiva, el destino del inmigrante desde los albores de la humanidad.
Pero, por sobre todo, esta novela biográfica significa un reconocimiento en su presencia a la matriarca y condensa la experiencia de miles de mujeres de diversos orígenes. Luchadoras y optimistas, se forjaron un porvenir en el nuevo país a fuerza de sonreírle a la vida, mirándola a los ojos, del mismo modo que Clara observaba a quien suscribe mientras la entrevistaba y tuvo el privilegio de escribir su historia.
Alberto Gluzman
agluzman@arnet.com.ar
http://albertogluzman-cv.blogspot.com/
La última página de “Sonreírle a la vida”:
Más allá de los años
Clara en su corazón siempre podrá...
... Recorrer los rincones de la casa en Amdur.
... Abrazar a Tía Golde una vez más.
... Degustar los desayunos del barco que la trajo de Europa.
... Inhalar el aire campestre de Moisés Ville.
... Aferrar el lápiz en su banco preferido de la escuela en Córdoba.
... Dar la yapa en el almacén.
... Dormir la siesta de verano en su habitación en la casa de Alem.
... Sentir el frío de la mañana en la fraccionadora de vino.
... Palpar la rugosidad del volante del auto en que papá le enseño a conducir.
... Bailar al compás de la música de su juventud.
... Admirar el esfuerzo de su padre.
... Alabar el espíritu de su madre.
... Ver en el espejo su imagen de novia antes de ingresar al salón.
... Caminar del brazo de Abraham en su luna de miel.
... Medir cada centímetro del mostrador del negocio en calle Bulnes.
... Añorar la gran familia de su infancia.
... Viajar en tren a Buenos Aires a comprar mercadería.
... Disfrutar el instante de los nacimientos de Feigue y Aidi.
... Transmitir tradición.
... Recorrer con la frente en alto las vidrieras de sus locales en el centro.
... Ingresar radiante a los casamientos de sus hijas.
... Discutir con su esposo y a su vez rezar por él.
... Dialogar entusiastamente con sus clientas.
... Construir la casa que la cobija.
... Subir al R12 flamante para retirarlo del concesionario.
... Evocar las grandes reuniones familiares en su living.
... Lamentar en silencio las muertes de sus padres y de su esposo.
... Llorar de alegría con el nacimiento de cada uno de sus nietos.
... Tejer las prendas con que vistió a generaciones.
... Volar orgullosamente a Israel en El Al.
... Apoyar su frente en el Muro de los Lamentos.
... Anhelar la llegada de cada bisnieto.
... Deambular mirando el cielorraso del negocio que debió vender.
... Retroceder un paso ante el calor del horno de ‘Las Delicias de Clara’.
... Reconocer a los demás en su cumpleaños de ochenta.
... Celebrar los bat mitzvá de sus bisnietas.
... Revivir el lazo fraternal viajando a las termas cada año.
... Desear infaltablemente shabat shalom cada viernes.
... Aprender de sus pares, los jóvenes de espíritu.
... Ser ella sin que importe el paso del tiempo o las circunstancias.
