lunes, 20 de octubre de 2008

Infinitos relatos en uno


El legado que representa la trayectoria de Clara Rojkes constituye una herencia para su familia, para la comunidad judía y para la sociedad en general.
“Clarita” es un espejo donde pueden encontrar su imagen aquellos que, ayer como hoy, emprenden la búsqueda de nuevos horizontes llevando sobre sus espaldas esperanza, necesidad de adaptación y nostalgia... familias que se distancian y nuevas que se crean. En definitiva, el destino del inmigrante desde los albores de la humanidad.
Pero, por sobre todo, esta novela biográfica significa un reconocimiento en su presencia a la matriarca y condensa la experiencia de miles de mujeres de diversos orígenes. Luchadoras y optimistas, se forjaron un porvenir en el nuevo país a fuerza de sonreírle a la vida, mirándola a los ojos, del mismo modo que Clara observaba a quien suscribe mientras la entrevistaba y tuvo el privilegio de escribir su historia.

Alberto Gluzman
agluzman@arnet.com.ar
http://albertogluzman-cv.blogspot.com/


La última página de “Sonreírle a la vida”:

Más allá de los años

Clara en su corazón siempre podrá...

... Recorrer los rincones de la casa en Amdur.
... Abrazar a Tía Golde una vez más.
... Degustar los desayunos del barco que la trajo de Europa.
... Inhalar el aire campestre de Moisés Ville.
... Aferrar el lápiz en su banco preferido de la escuela en Córdoba.
... Dar la yapa en el almacén.
... Dormir la siesta de verano en su habitación en la casa de Alem.
... Sentir el frío de la mañana en la fraccionadora de vino.
... Palpar la rugosidad del volante del auto en que papá le enseño a conducir.
... Bailar al compás de la música de su juventud.
... Admirar el esfuerzo de su padre.
... Alabar el espíritu de su madre.
... Ver en el espejo su imagen de novia antes de ingresar al salón.
... Caminar del brazo de Abraham en su luna de miel.
... Medir cada centímetro del mostrador del negocio en calle Bulnes.
... Añorar la gran familia de su infancia.
... Viajar en tren a Buenos Aires a comprar mercadería.
... Disfrutar el instante de los nacimientos de Feigue y Aidi.
... Transmitir tradición.
... Recorrer con la frente en alto las vidrieras de sus locales en el centro.
... Ingresar radiante a los casamientos de sus hijas.
... Discutir con su esposo y a su vez rezar por él.
... Dialogar entusiastamente con sus clientas.
... Construir la casa que la cobija.
... Subir al R12 flamante para retirarlo del concesionario.
... Evocar las grandes reuniones familiares en su living.
... Lamentar en silencio las muertes de sus padres y de su esposo.
... Llorar de alegría con el nacimiento de cada uno de sus nietos.
... Tejer las prendas con que vistió a generaciones.
... Volar orgullosamente a Israel en El Al.
... Apoyar su frente en el Muro de los Lamentos.
... Anhelar la llegada de cada bisnieto.
... Deambular mirando el cielorraso del negocio que debió vender.
... Retroceder un paso ante el calor del horno de ‘Las Delicias de Clara’.
... Reconocer a los demás en su cumpleaños de ochenta.
... Celebrar los bat mitzvá de sus bisnietas.
... Revivir el lazo fraternal viajando a las termas cada año.
... Desear infaltablemente shabat shalom cada viernes.
... Aprender de sus pares, los jóvenes de espíritu.
... Ser ella sin que importe el paso del tiempo o las circunstancias.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Albert,

Bueno, me declaro el primero en haber leído tu libro en formato electrónico para palm o iphone. Qué honor peculiar, pero estamos en siglo 21. Lo leí completito en un par de días y tenes el honor de haber reemplazado a Josephus Flavius, a quién dejé de lado porque me costaba leerlo con el trasfondo de la guerra en Gaza. Claro, ahora recuerdo que me dijiste "por qué no lees un historiador en serio", y bueno entonces me puse a leer a Gluzman en vez de a Tacitus.

Ahora me doy cuenta de algunas cosas, como tu expresión cuando yo mencioné la historia de Judith en Hanukah, las comidas con lácteos y fritas. Me gustó mucho el libro. Disfruté mucho la primer parte por mi espíritu romántico, porque está situada en un tiempo y en un espacio lejanos, y porque está llena de aventuras. La vida en Córdoba, la cotidianidad, fue la parte que menos me gustó, pero son parte de la historia de todas las personas. La rutina tiene algo de aburrido, por supuesto, pero no era eso; creo que es la parte que a un joven más le asusta, o a mi, que huyo de los compromisos que implican a la cotidianidad, al vivir y morir cada día como todos, como cualquiera. Mirar hacia tras y examinar el éxito y el fracaso en la vida del comerciante, la compra de la casa, las fiestas; había algo muy común a mi familia, muy burgués, muy judío de Córdoba; eso me deprimió un poco pero es verse al espejo. Después se volvió muy interesante para mí tratar de descubrir tras cada hoja la reflexión de una persona en el final de su vida; en Clara no encontré esa reflexión, pero está claro que la actitud de vida que ella llevó es su reflexión, es su consejo de como encarar la vida---hay gente que nace con esa suerte de saber vivir la vida sin aprender; mi hermano es así.

Tu trabajo está bien escrito. Disfruté de muchos tropes, giros bonitos e inteligentes. Uno que ha tratado muchas veces de escribir sabe que no es fácil hacerlo, y mucho menos es hacerlo bien. Además se nota que hay amor, cariño en las palabras, en las descripciones, en las apologías, en los recursos literarios que utilizaste.

Bien hecho Albert! kol ha kavod y yasher koaj,

Robert

Seba Machtey dijo...

Alberto la verdad que este libro nos posibilito conocer a nuestra BABA mas alla de lo que ella era. Gracias por poner tanto esfuerzo. Aunque no lo crees por una cosa u otra todos los dias comentamos algo del libro. La BABA esta sonriendo en nuestras vidas. Seba

Alberto Gluzman dijo...

¡Gracias Seba! Al sentir lo que todavía provoca, el alma (neshamá) de tu abuela sigue regodeándose en este mundo desde algún lugar del universo. Alberto G.

Anónimo dijo...

Un libro que cobra cada vez más vigencia. En la misma medida que pasa el tiempo crece la presencia de Clara.